domingo, 5 de marzo de 2017

Cómo hacer kéfir de leche


Hoy no os traigo una receta como tal, sino un paso a paso para elaborar en casa litros y litros de kéfir de leche. Mi madre y yo nos hemos vuelto adictas a este producto, lo tomamos a diario, cada mañana, y a veces repetimos por la noche. Y es que me gusta, me sienta fenomenal y, no sé si será sugestión, hasta he dejado de padecer afecciones digestivas.

Si lo recordáis, ya os hablé del kéfir hace unos tres de meses, en el post del bundt cake de calabaza que hice para mi cumpleaños. Os comenté que había recibido, por parte de Kefiralia -una página web donde venden este tipo de cultivos, además de kombucha, yogures y masas madre- un lote de sus productos. Entre ellos se encontraba un paquete de nódulos de kéfir de leche frescos. Fue el que más me llamó la atención. Me sonaba el nombre. Supongo que lo habría leído u oído en alguna parte, pero jamás lo había probado ni tenía la menor idea de cómo hacerlo en casa. Tuve que informarme un poquito acerca de él y me enteré de la enorme cantidad de beneficios que aporta a nuestro organismo, y me entusiasmó la idea. Así que fue el primer producto que probé. Desde entonces, eran mediados de noviembre, hasta la fecha de hoy, mantengo vivos mis nódulos y elaboro, aproximadamente, cada día y medio o dos días, una nueva jarra de kéfir.




Como os he comentado unas líneas más arriba, además de gustarme su sabor (muy similar al yogur líquido, pero un pelín más ácido y con una textura algo más espesa), he notado que me sienta muy bien. He observado que le va genial a mi sistema digestivo. Yo padecía mucho de gastritis y desde que lo consumo, no he vuelto a sufrirla (no sé si habrá sido casualidad, pero a día de hoy es un hecho).

En esta entrada os voy a contar el método que yo sigo para prepararlo en casa, pero antes me gustaría enumeraros los beneficios que, dicen, posee esta bebida probiótica:

Según la página web www.kefiralia.es, puede ayudar a prevenir el cáncer de colon, es un potencial antiinflamatoio en el intestino, así como cicatrizante en esofaguitis; mejora la respuesta inmunitaria; ejerce efecto antialérgico; mejora la tolerancia a la lactosa (a mí me sienta fatal la leche, y tolero el kéfir perfectamente, y es que pierde buena parte de la lactosa durante la fermentación); mejora el perfil lipídico, el índice glucémico y la absorción de proteínas; y es antifúngico y antibacteriano.

Ahí es nada, ¿verdad?

Pues, además, está rico.

¿Os he convencido?

¿Os animáis a hacer kéfir en casa?

¿Sí?

Pues seguid leyendo...

En primer lugar, si queremos preparar nuestro propio kéfir de leche en casa, necesitaremos nódulos. ¿Y qué son?, os preguntaréis. Los nódulos o gránulos son una combinación de bacterias probióticas y levaduras, cuya apariencia nos puede recordar a la coliflor. Están envueltos en una matriz polisacárida, denominada kefiran

¿Y dónde podemos conseguirlos? Podemos comprarlos (en Kefiralia venden online este y otros tipos de gránulos que nos permitirán generar un litro de kéfir cada día y medio; podéis comprarlos en este enlace: comprar gránulos de kéfir de leche) o, si conocéis a alguien que lo haga en su casa, pedirle que os dé unos cuantos, ya que se reproducen con muchísima rapidez.

Además de esto, también necesitaremos un colador de malla fina, que sea de plástico (muy importante, ya que hay que evitar por todos los medios que los nódulos entren en contacto con cualquier tipo de elemento metálico), un tarro de cristal con cierre hermético, una jarra o cualquier otro utensilio de cristal donde podamos fermentar nuestro kéfir y que tenga un litro de capacidad, una cuchara de plástico, papel de cocina y de medio litro a un litro de leche (yo siempre utilizo leche de vaca entera de brick, pero se puede usar de oveja, de cabra e, incluso, bebidas vegetales, pero teniendo en cuenta que con estas últimas obtendremos una textura más líquida, otro sabor y puede que a largo plazo afecte a la supervivencia del cultivo, pues la composición nutricional de las bebidas vegetales nada tiene que ver con la leche de origen animal).

PREPARACIÓN
Con todos nuestros utensilios preparados, comenzaremos a elaborar nuestro kéfir en casa. Supongamos que un familiar nos acaba de regalar unos nódulos (si los hemos comprado, lo más probable es que vengan con unas instrucciones). En este caso, si nos han dado una cucharadita y nos los han entregado con un poquito de leche, el primer paso será colar los gránulos y desechar esa leche. 

Vertemos los gránulos colados en una jarra de cristal de, al menos, un litro de capacidad.


A continuación, vertemos sobre los gránulos de medio litro a un litro de leche. Yo suelo ponerle unos tres cuartos de litro.


Tapamos con dos papeles de cocina y los aseguramos con una goma. Con esto aislamos nuestro cultivo del polvo o de cualquier otra cosita que le pueda caer. Dejamos reposar a temperatura ambiente en cualquier lugar de nuestra cocina (no lo dejéis cerca del horno o de un radiador, por favor, tampoco en un espacio donde podamos golpearlo mientras cocinamos).


Una vez bien tapado y en un lugar seguro, lo dejamos fermentar de 24 a 48 horas. En este caso, al ser vuestra primera fermentación, os recomendaría que lo dejarais las 48 horas.

Transcurrido este tiempo, destapamos nuestra jarra y... ¡¡ya tendremos kéfir!! 


En la imagen no se aprecia bien, pero en la superficie veréis que la leche habrá espesado y que se habrá formado una especie de grumitos. ¡Será el momento de colarlo! Para este paso necesitaremos el recipiente con cierre hermético, el colador (¡¡con la malla de plástico, por favor!!) y una cuchara, también de plástico.


Lo colamos sobre el recipiente hermético, procurando chafar los gránulos contra el colador (no conviene lavarlos a menudo, para que no pierdan microorganismos). No tengáis miedo a la hora de chafarlos, no les va a pasar nada. Tienen que quedan bien escurridos. 

Y, de nuevo, pasamos nuestros gránulos a la jarra de cristal y repetimos el mismo procedimiento que os he explicado más arriba: vertemos la leche, tapamos con el papel de cocina y dejamos fermentar.


Por otro lado, cerramos nuestro recipiente hermético y lo conservamos dentro del frigorífico. Dura una semana, pero tened en cuenta que recién hecho tendrá efecto laxante y, a medida que van pasando los días, irá adquiriendo efecto astringente. 


Con el kéfir ya listo podremos elaborar bizcochos, pasteles, batidos, queso de kéfir, crema de queso para untar o consumirlo bebido como si fuera un yogur líquido (es como yo lo tomo). Yo me bebo un vasito todas las mañanas, en ayunas. Por lo visto, es el mejor momento del día para su consumo, ya que es cuando la acidez de nuestro estómago se encuentra en un punto neutro. En mi caso, a veces, incluso tomo otro vasito a la hora de la cena. 

Y, por último, una recomendación. Observaréis que, con cada fermentación, los gránulos crecerán a una velocidad de vértigo, por lo que conviene ir desechando unos pocos (regaladlos a familiares, amigos y/o vecinos). Y es que si los dejáis absolutamente todos, obtendréis un kéfir demasiado ácido. Yo suelo usar siempre como una cucharadita y media para unos tres cuartos de litro de leche. 

Dicho esto, espero que os animéis a probarlo, si no lo habéis hecho ya.

Como siempre, ¡¡un besazo!!

1 comentario:

  1. Hola Elena. He encontrado tu blog por casualidad ya que andaba buscando una receta en google y aunque el enlace que me aparecía no era lo que yo buscaba me he encontrado con tu blog que me ha parecido una maravilla y con tu permiso me voy a quedar siguiendo.

    Voy a seguir echando un vistazo a tus antiguas publicaciones y si te apetece conocerme te espero en mi cocina virtual

    ¡Besos mil!

    ResponderEliminar

Analytics